Diario de la Huerta (VI): Cápsulas del tiempo

A veces lento como un caracol que avanza hacia las hojas de tus lechugas, a veces tan rápido como la hierba volviendo a crecer después de un día de lluvia. A veces nos sobra y acabamos la jornada de trabajo sentadas tomando café, a veces corremos para hacer lo máximo posible antes de que el sol caliente nuestras cabezas y no logramos terminar ni la mitad de nuestras tareas. A veces a ti te parece eterno, mientras que a otra compañera que está a tu lado se le pasa volando… El tiempo, ¡qué gran misterio!

Sea como sea, es innegable que el tiempo avanza. Parece que fue ayer cuando limpiábamos la tierra de malas hierbas y preparábamos los caballones, y ahora ya empiezan a agotarse hasta algunas de nuestras plantas, como los pepinos. A nuestra huerta le quedan un par de semanas de ambiente ideal antes de que el otoño se vaya acercando (muy lentamente, en estas latitudes) y tengamos que redefinirla. Pero para todas aquellas personas que empiecen a saborear la nostalgia, os traemos una solución: una cápsula del tiempo. Es más, ¡muchas cápsulas del tiempo!

Son pequeñas, pero que no te engañe su aspecto: en cada una de ellas cabe toda una temporada de huerto, y si la gestionas bien, puedes vencer al tiempo para siempre. ¿Suena interesante? Pues aún hay más: puedes regalarlas e intercambiarlas con otras personas, ampliando vuestras posibilidades de viaje espaciotemporal. Además, ¡son cofres del tesoro! En ellas no sólo guardas tiempo. También guardamos cultura, clima, historia, tradición. Sabores y olores de la infancia en tu tierra. Recuerdos que no son sólo tuyos, sino de toda la gente que las utilizó antes que tú. ¿Ya te hemos convencido? Venga, un último dato… Utilizar estas cápsulas, compartirlas, regalarlas… es un acto radical. Estás cambiando el mundo volviendo a los orígenes de nuestra civilización: la agricultura.

Efectivamente: hablamos de las semillas. Esos pequeños trozos de materia orgánica que pueden permanecer almacenados durante años, guardando celosamente su información, hasta que un poco de sol y agua creen el clima propicio para que germinen de nuevo hasta convertirse en una lustrosa planta de 5 metros de ancho. Parece magia… pero sólo es la sabiduría de la naturaleza.

Así que en nuestra huerta, para no echarla de menos cuando se acabe este verano y poder llevarla con nosotras a donde quiera que vayamos en nuestras respectivas aventuras, ya estamos cosechando semillas de calabacines, lechugas, tomates… Al fin y al cabo, nuestra vida no es más que una pequeña porción de tiempo que recorremos intentando disfrutar al máximo. No está de más tener la posibilidad de volver a los lugares y momentos que nos hicieron felices… usando, por ejemplo, nuestras cápsulas del tiempo.

 

 

 

Escrito por la voluntaria Natalia

Leave a Reply