Diario de la Huerta (V): el poder de la tierra

Querido diario ¡cómo pasa el tiempo! Ya estamos a mediados de agosto, se nos va el verano, la cosecha avanza y la huerta va cambiando. Esta semana queremos compartir algunas historias curiosas sobre palabras y diosas.

Una de ellas surgió cuando la semana pasada vino una pequeña tormenta y dejó ese olor a tierra mojada que tanto nos gusta. Y respirando la paz que deja la lluvia veraniega surgió petricor: el olor a tierra mojada. Formada a partir del ‘piedra’ e ἰχώρ icór ‘icor, sangre de los dioses homéricos’. En la mitología griega, el icor era la sangre de los dioses, y esto se relaciona con el agua que recorre la tierra seca dándole de nuevo la vida.

Hablando de dioses, el campo siempre ha estado muy relacionado con ellos, o con ellas más bien, porque desde el inicio de los tiempos, la tierra se ha asociado a la feminidad. Por ser madre y dar sus frutos, toda una serie de diosas con diferentes nombres pasan desapercibidas pero tuvieron su lugar en las diferentes mitologías. Quizás Gaia sea el nombre más conocido y que la gente asocia rápidamente a la madre Tierra, pero ¿sabías que hay muchas más diosas relacionadas con la tierra y curiosamente con la agricultura?

Deméter, por ejemplo, era la diosa griega de la agricultura, a la que veneraban como “portadora de las estaciones” por ser la que iba decidiendo el tiempo. Dea Dia, la diosa de la luz, decían que hacía crecer plantas de su seno, o Afaya la diosa de los ciclos agrícolas.

Dea Dia era comparada a Bona Dea, otra diosa importante a la que se le dedicó un templo en plena Roma, a la que también se le conocía como Maia o Fauna ¡que bonitos nombres! Una de nuestras acompañantes perrunas en la huerta se llama Maya y desde luego es salvaje y parte de la naturaleza, preciosa y compañera de aventuras cuando cruzamos el río para ir a la huerta.

La mayoría de las diosas que se conocen son griegas o romanas por ser las que influyen más en gran parte de Europa, pero también hay de otras culturas, que quizás otro día os lo contemos. Lo que si queremos contaros es que el nombre de casi todas las verduras que cultivamos en esta zona de la Vega, es de procedencia árabe y por lo tanto procedentes de una cultura totalmente diferente. Históricamente la Vega de Granada estuvo habitada por íberos y romanos, que dejaron una gran cultura del olivo y otras plantas mediterráneas. Con la llegada de los musulmanes, toda la zona se convierte en tierra de regadío, abundando las huertas de verduras frescas. Por lo tanto tenemos una mezcla de cultura en nuestra paisaje que se ve reflejada en nuestra alimentación, ya que además, todo esto se enriquece más todavía cuando vienen los nuevos cultivos procedentes de América.

Así tenemos el olivo del latín “oliva” pero sin embargo la palabra aceituna viene del árabe hispánico azzaytúna. Con las acelgas pasa algo similar porque viene del árabe  “silqa” que a su vez del griego “sikelè”. Esto demuestra cómo evoluciona el lenguaje de unas palabras a otras según la cultura que predomina en el lugar y es bonito ver como llega hasta nuestros días.

La última palabra que queremos compartiros por hoy es acequia, del árabe “sāqiyah”, que significa irrigación. Y es que aquí en la Vega tenemos toooda una red de acequias que llevan aquí desde el siglo X cuando los musulmanes llegan a estas tierras, creando toda una serie de caminos alrededor de las huertas que todavía perduran. Si pusiésemos un mapa del siglo XIV sobre uno actual ¡siguen coincidiendo! Gracias a las acequias se sigue pudiendo regar hoy todo el campo, siendo la comunidad de regantes de Granada una de las más antiguas de Europa.

Nos leemos en el próximo capítulo :D

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